Gregorio Morán en Colombres: La higuera y el acebo
Gregorio Morán (1947-2026) fue un prestigioso periodista ovetense que desarrolló la mayor parte de su profesión en Barcelona. Durante un periodo de quince años residió, en largas temporadas, en el barrio de El Cotero de Colombres. Este artículo va a contar la historia de Gregorio Morán y su higuera y acebo en Ribadedeva.
Gregorio Morán fue un periodista nacido en Oviedo en 1947 que ejecutó la mayor parte de su vida profesional en Barcelona y trabajó para medios como Mundo Diario, Opinión, Arreu, Diario 16 y La Gaceta del Norte, donde fue director. También publicó libros que alcanzaron cierta notoriedad, entre ellos dos biografías del político y expresidente del Gobierno de España Adolfo Suárez, y también fue colaborador en diversas publicaciones periódicas como Mundo Obrero, Cambio 16 y La Vanguardia. En este último medio de comunicación colaboró desde 1988 hasta el año 2017, y allí tuvo una columna semanal que se publicaba todos los sábados bajo el nombre de “Sabatinas Intempestivas” que alcanzó importante notoriedad.
Falleció el 22 de febrero de 2026 en Barcelona, a la edad de 79 años.
Nunca huyó de la polémica…
Sobre Gregorio Morán debo decir que nunca huyó de la polémica, y con esto no quiero decir que estuviera acertado en ello… desde mi punto de vista, basándome en algunos de sus argumentos expuestos públicamente a lo largo de su vida como periodista, podría estar de acuerdo o no.
Esta publicación en «villadecolombres.com», como todo lo publicado aquí desde mayo de 2018, solo busca la parte positiva, entendiendo que un periodista que alcanzó renombre a nivel nacional y que residió en Colombres largas temporadas merece ser recordado… en la parte positiva, por supuesto. Entre otras cosas, porque de pura casualidad supe no hace mucho que Morán vivió regularmente en Colombres durante 15 largos años y, además, escribió maravillosos textos sobre Colombres, Ribadedeva, el Oriente de Asturias o el Cantábrico. Aunque en muchas de sus publicaciones no tardaba en aparecer la polémica después de los halagos.
Gregorio Morán y la polémica…
Gregorio Morán se hizo rodear, en diferentes ocasiones, de la polémica como ya mencioné, y no le faltó tiempo para señalar y denunciar con nombre y apellido lo que consideró corrupción, y también otros sucesos y movimientos que no fueron de agrado para él. En mi caso, y para este artículo, toda esa parte de polémica que podré, como mucho, mencionar, no será el objeto principal de lo que voy a compartir; no haré mías sus polémicas, denuncias y corruptelas que hizo públicas. Principalmente, esas polémicas discurren por el lado político y en esta web no se tratan temas políticos. Es una web apolítica, sin color, ideología o bando.
En realidad, la parte polémica de Gregorio Morán tuvo dos puntos de inflexión muy relevantes. El primero en 2012, cuando definitivamente abandonó Colombres después de 15 años de vivir en un hogar temporal de la Villa Indiana. Se fue muy resentido. El segundo en 2017 debido a la negativa de La Vanguardia a publicar un artículo suyo que después fue publicado por el propio Gregorio Morán en otra web independiente (una especie de asociación donde se publican artículos de diferentes periodistas). Aquel artículo terminó en su despido y salida de La Vanguardia.
Un resentimiento claro…
El primer hecho, el de 2012, fue especialmente relevante, porque aquello terminó en tres artículos diferentes («Adiós a Colombres» I, II y III) publicados en la misma web de aquella asociación. En aquellas publicaciones denuncia, con pelos y señales, que fue expulsado de Colombres en 2012 por acciones provocadas por terceros. Desde luego, y por esos artículos, solo conozco la versión de Gregorio Morán y no conozco nada de la parte contraria, así que no procede comentar nada más al respecto. Tampoco soy juez, y mucho menos parte. Lo que sí la terna deja entrever es que, claramente, surgió en Morán un resentimiento personal contra Colombres provocado por el sentimiento que él mismo, textualmente, expresó en el primer artículo de «Adios a Colombres»: «El asunto es muy sencillo, me echaron de Colombres, ese lugar que era para mí la referencia permanente de la tranquilidad, el recurso que uno tiene cuando no le llega el sueño y debe pensar en algo que le sosiegue». Y ese resentimiento aparece con claridad en otras publicaciones posteriores de su autoría.
Reitero, lo que busca este artículo no es ahondar en la polémica, sino busca otro camino en el sentido de profundizar en lo positivo que aportó Gregorio Morán a Colombres durante muchos años. Sí es cierto que era una persona de carácter complicado, tuvo grandes amigos… y muchos enemigos. Tal y como me contaron algunas personas que lo conocieron y trabaron amistad con él, su forma de pensar y la ultradefensa a todos los niveles de sus ideas inamovibles le granjearon muchos enemigos. Tuviera o no tuviera razón, que lo desconozco. Pero sí voy a poner algún ejemplo a través de obituarios publicados por antiguos amigos/as y compañeros/as de profesión.
Se dejaba querer, pero no quería a nadie…
La escritora y periodista vizcaína Carmen Torres Ripa, que trabajó para medios conocidos como El Correo, Radio Euskadi, ETB, Televisión Española o Telecinco, publicó el 11 de marzo de 2026 un artículo en el periódico vizcaíno Deia titulado “Gregorio Morán, un periodista asturiano con morriña catalana” donde relató que Gregorio Morán fue su director en La Gaceta del Norte durante bastantes años y, textualmente, afirmó sobre él: “Se dejaba querer, pero no quería a nadie, ni a sus propios amigos, que tenían que mirar el aire del tiempo antes de llamarle. Luego era un hombre que se emocionaba si le llevabas un ramo de flores por su cumpleaños”. En definitiva, que, como ya mencioné en párrafos anteriores, debía de contar con un carácter complicado hasta con sus amistades.
El 23 de febrero de 2026 fue publicado en El País un artículo obituario de Jordi Amat que comenzó con la siguiente entrada: «[Gregorio Morán] fue un polemista pugnaz e infatigable y pronto despuntó con una biografía fundamental sobre el presidente Adolfo Suárez publicada en 1979».
El Acebo de Colombres…
El 24 de febrero de 2026 Carlos Fernández, amigo de Gregorio Morán, escribió un artículo titulado «El Acebo de Colombres» que fue otro obituario más en respuesta al fallecimiento. Allí afirmó: «Y es que en sus libros el denominador común era la independencia. En ellos estudiaba con rigor de cirujano a personajes y momentos históricos. Todo iba saliendo de su pluma en aquella casina de Colombres. Sobre todo brillaban sus Sabatinas intempestivas, en La Vanguardia, periodismo tres estrellas michelín, documentos insustituibles, por su calidad e independencia, para entender nuestro país, y la prueba del algodón de su rectitud, pues no titubeó en seguir a su paso en los momentos álgidos del movimiento independentista, a pesar de jugarse –y perder– el pan». Ya estamos en el acebo… vamos llegando a lo que quiero destacar en este artículo. Pero más que el acebo, es la higuera. Aunque ambos son importantes.
No duden ustedes que la gran mayoría de las personas que no le hubieran conocido y se hubieran animado a escribir sobre Gregorio Morán, hubieran centrado el tiro en aquella polémica de su destierro de Colombres o en el asunto del despido en La Vanguardia, y en otras muchas polémicas y críticas voraces que compartió a lo largo de su carrera como periodista. Desde luego, polémicas tuvo para aburrir; por falta de contenido no iba a ser. De hecho, el propio Morán en el primer artículo «Adiós a Colombres» de 2012 afirmó: «Un buen amigo no sin sarcasmo me lo advirtió cuando leyó las tres sabatinas últimas dedicadas a Asturias. Te echarán. No le creí». En mi caso y en el de esta web «villacolombres.com» reitero, otra vez más, que lo que me interesa es la higuera y el acebo, y la historia que encierran que tiene como protagonista principal a la Villa de Colombres.
El naturalismo y realismo de los siglos XIX y XX…
Gregorio Morán publicó entre 1979 y 2023 un total de dieciséis libros y un número interminable de artículos, muchos de ellos «colgados» en la web de esa asociación que ya mencioné. Cuando descubrí que Morán había vivido durante mucho tiempo en Colombres, dediqué un tiempo importante a leer artículos variopintos de su autoría. Ahí descubrí su forma de escribir, desde mi punto de vista muy clásica. Y muy trabajada. La lectura de algunos de sus artículos me llevaron, en una especie de máquina del tiempo mental, a finales del siglo XIX. En ese viaje del tiempo me voy a quedar en Asturias con Leopoldo Alas «Clarin» y su Vetusta carbayona de «La Regenta» de 1884, con ese naturalismo y realismo. Sigo en Asturias, pero ahora en 1888 con Armando Palacio Valdés y su obra «El Cuarto Poder» que contiene más realismo que naturalismo, pero que me pareció más maravillosa; me gustó mucho más que «La Regenta», incluso más que «Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis» de Vicente Blasco Ibáñez. El viaje en el tiempo sale de Asturias y termina en Valencia… ahí me tengo que ir también, saltando a 1916 porque, precisamente, debo mentar esa obra del escritor valenciano, que también pertenece al realismo y naturalismo ¿Por qué cuento todo esto? Porque esas tres obras que acabo de compartir me parecieron maravillosas respecto al estilo de escritura. En la actualidad, los novelistas no escriben así, ni se acercan siquiera. Las comparaciones son odiosas, lo sé, pero en cuánto empecé a leer los artículos de Gregorio Morán, la mente me llevó a los otros tres históricos escritores españoles. Una estilo muy parecido, diria yo, y con esto no quiero decir que sus articulos fueran naturalistas, aunque claramente son realistas porque evocan realidades. Además, Morán critica y denuncia lo que le reodea, como sucede en «La Regenta» y «El Cuarto Poder», que son críticas a las sociedades burguesas de Oviedo y Ávilés. Pero claro, esta es mi opinión… ustedes pueden pensar lo contrario.
El caso es que esta web está para tratar y compartir lo positivo y constructivo sobre Colombres y Ribadedeva, y en cuanto leí pasajes de Gregorio Morán dedicados a Colombres, me parecieron muy dignos de recordar y compartir en un artículo en esta web. Leyendo esos bonitos pasajes surgieron en esta historia la importancia, quizás transparente para otros, de una higuera y un acebo. Reitero que los dos árboles son el centro de esta historia.
Nacido en Oviedo, vivió en Madrid y Barcelona…
La historia de Gregorio Morán es curiosa. Nacido en Oviedo, en la edad del instituto se fue a Madrid, y pasado un tiempo terminó en Barcelona trabajando profesionalmente como periodista y escritor. Y ahí, con el paso de los años, necesitó buscar un refugio lejos de la gran urbe donde escribir. En 2012 Morán escribió: «Colombres es un pequeño pueblo asturiano, en la linde con Santander, que apenas alcanza los mil habitantes en todo el concejo, denominado Ribadedeva. Lo escogí hace quince años porque me gustaba el lugar, frente a la sierra de Cuera, con una montaña mágica, Pico Jana, que comparé por complacencia provinciana, y porque al fin al cabo los montes son los símbolos de nuestra trascendencia, con el japonés Fuji. Hasta hicimos un libro el pintor santanderino Eduardo Sanz y yo, a partir de Hokusai, el Grande, en una humilde evocación pictórica-literaria».
El caso es que el 21 de marzo de 1997 Gregorio Morán llegó a Colombres en un taxi de color blanco que conducía Miguel, que por deducciones entiendo que era un taxista de Val de San Vicente, en Cantabria. Tal y como relató el propio protagonista, en el primer viaje a Colombres con idea de quedarse viajó en autobús de Santander a Unquera, y allí tomó el mencionado taxi que le acercó a Colombres. Morán contó: «Siempre había soñado con alquilar una casa en Colombres, una querencia; me gustan los pueblos de frontera y recordaba de épocas pasadas un lugar donde el principal comercio y restaurante, a la manera antigua de los ultramarinos, se llamaba La Barata. Entonces no había otro hotel que el modesto Pico Jana, donde reservé habitación, en un gesto excéntrico porque no había ningún otro huésped».
Así que Gregorio Morán llegó a Colombres en taxi desde Unquera sin tener lugar alguno donde quedarse y, finalmente, se quedó en el Pico Jana de 1997. Llegó al mediodía y entabló conversación con la dueña de La Barata y le contó que buscaba una casa para alquilar.
Comparto lo que el propio Gregorio dejó escrito de su propia historia: «No encontré nada. Todas las referencias que pude conseguir sobre casas en Colombres, fueron fallidas. Las pocas que había eran espantosas, construidas y decoradas con un mal gusto irritante. No había nada que mereciera la pena, pero cuando volví al hotel, decepcionado, la buena de mi hospedera me dijo que había una casa, pegada a la suya, que pertenecía a una compañera de colegio que la había alquilado hacía mucho tiempo al médico del pueblo y que estaba abandonada».
La casa de El Cotero…
Aquella casa estaba en el barrio de El Cotero de Colombres, y Gregorio Morán, antes de contactar con la propietaria, decidió ir a verla. Y sobre este punto afirmó textualmente: «La casa, humilde y cerrada, no la pude ver, pero al acercarme al borde del prado que había delante contemplé extasiado las cuatro filas de los Picos de Europa cuando se juntan con los cántabros, y sobre todo esa inigualable arquitectura cónica de Pico Jana, extremo oriental de la sierra de Cuera. Allí me quedé. Me importaba un carajo la casa, pero aquel paisaje cuya espalda daba al mar, a la bahía de La Franca y al farallón de Pimiango, allí donde de pequeños, asturianos paletos, pensábamos que terminaba el mundo, me atrapó. Aquel lugar era un privilegio. Es verdad que luego dejó de serlo porque construyeron adosados y ya no se veía ni el mar, y Pimiango apenas, pero entonces, cuando yo llegué, tuve la misma impresión que Alan Bates en Zorba, cuando pisa la isla que será su gozo y su ruina».
Esa misma tarde Gregorio Morán alquiló aquella casa, y allí estuvo durante quince largos años. Por lo qué contó Carlos Fernández en el obituario de La Nueva España, Morán voló todos los años entre 1997 y 2012 desde Barcelona a Parayas, en Santander, a finales de cada primavera y se quedaba en Colombres hasta finales de septiembre. Cuando Miguel le dejaba en Colombres, la frase de despedida de Morán hacia su taxista habitual era «hasta septiembre», pero también dejó escrito que pasó tiempo allí en invierno, así que seguramente estuvo en Colombres otros meses más allá de los estivales.
Al final, Gregorio Morán fue uno de los clientes más fieles de Miguel, y en uno de esos viajes de ida a Colombres el taxista le ofreció a modo de regalo un árbol para la finca de la casa que tenía alquilada en Colombres. Morán eligió una higuera porque, tal y como afirmó él mismo «forma parte de la infancia imposible». Y el propio Miguel le regaló la higuera y, además, la plantó con sus propias manos en aquella casa de El Cotero de Colombres. De la casa y de la finca Gregorio Morán afirmó que parecía una «casa abandonada que tenía delante un pequeño prado, sin más plantas que una yerba hirsuta y un miserable tronco de ciruelo quemado, que usaban para asar sardinas».
Una higuera plantada…
Una vez plantada la higuera, Gregorio Morán dejó escrito: «No hay árbol que se pueda comparar. La higuera es la reina. Quería que le hiciera compañía a un acebo, que planté yo mismo, el rey ¡Qué le vamos a hacer, pero la naturaleza tiende a la aristocracia!». Por tanto, antes de terminar la higuera allí, el propio protagonista ya había plantado un acebo.
Tanto la higuera como el acebo tienen deben tener algo especial, porque el propio Gregorio Morán siempre los sacó a relucir en sus escritos sobre Colombres. Pero es que, además, otros periodistas y amigos de Morán también sacaron aquellos árboles a relucir. Debo recordar que el obituario de Morán publicado por Carlos Fernández en La Nueva España en febrero de 2026 se titula «El Acebo de Colombres».
Ambos árboles, por su especial protagonismo en la vida privada y pública de Gregorio Morán captaron mi atención, así que, recientemente, decidí que tenía que localizar la casa, la higuera y el acebo. Y era necesario conseguir las fotografías. También podía ser que la casa ya no existiera, han pasado catorce años desde que Morán la dejó, o que la higuera y acebo se hubieran caído, secado o hubieran sido talados por cualquier motivo. Pero Carlos Fernández, en su obituario ya mencionado compartió: «Hace poco pasé por Colombres. Vi el acebo; estaba cargado de frutos rojos. Y es que la vida sigue. Y Gregorio Morán en ella». El obituario fue publicado en este mismo año de 2026, así que la casa, la higuera y el acebo tenían que seguir en pie.
Ayuda para localizar la casa, los árboles y tomar las oportunas fotos…
Estaba lejos de Colombres y Ribadedeva en el momento de escribir este artículo así que busqué en Google Maps en versión satélite a ver si por mis propios medios podía localizar la casa en El Cotero. No lo conseguí. Recurrí a mis vecinos en Colombres Ángel y Mónica, que aunque no son de Colombres pasan largas temporadas allí y ellos podían preguntar en su entorno en la villa, a sus conocidos. Al mismo tiempo, recurrí a Sergio Gómez Posada, actual responsable del Centro Cultural Casa de Piedra, y él me puso en contacto con Lucila Gutiérrez Colsa, que trabó amistad con Gregorio Morán. Ella no solo me envío la ubicación exacta de la casa que tuvo en alquiler Gregorio Morán… me envío también varias fotografías de la higuera y el acebo protagonistas de la historia. Además, mis vecinos Ángel y Mónica fueron a ver la casa y me enviaron también algunas fotos. Debo agradecer a todos, Sergio, Lucila, Ángel y Mónica, el interés puesto y lo que me aportaron desinteresadamente ya que fue un material imprescindible para escribir esta publicación.
En la portada de este artículo y en la galeria de fotografías al final de este texto se puede ver la higuera y el acebo plantados por Miguel y Gregorio. En la galeria se puede ver también la casa de El Cotero en su cara norte, que es la trasera de la vivienda y parte opuesta al trozo de terreno propio de la vivienda. A la izquierda está la vivienda, a la derecha la cuadra anexa a dicha vivienda.
La historia de cómo llegó Gregorio Morán a Colombres con intención de alquilar la casa, el acebo, la higuera y todo el relato que construyó alrededor de aquello me parece maravilloso. Es dar el protagonismo y la importancia a algo que, normalmente, a las personas en su día a día les parecería casi invisible. Y todo ello superpuesto a toda la polémica que rodeó la vida profesional y personal de Gregorio Morán. Desde luego, la higuera y el acebo de Colombres fue protagonista incluso en columnas publicadas fuera de Asturias . El 23 de mayo de 2014 Morán publicó en su columna «Sabatinas Intempestivas», la que gran fama le dio como periodista, un artículo de título «Buscadores de Paraisos Perdidos» donde en uno de sus párrafos decía: «Mi paraíso más largo fue Colombres, en el límite entre Asturias y Cantabria. Me echaron y no me gusta recordarlo una vez más. Quedó de mi paso durante quince años lo plantado: un acebo y una higuera. Es el único paraíso que busqué con ahínco y me fue fértil».
Letras bellas sobre Colombres y Ribadedeva…
Morán dejó textos publicados muy bellos sobre Colombres y Ribadedeva como: «aquel paisaje frente a las montañas, con un valle discreto donde posaban las becadas y se abría al conjunto de la sierra de Cuera, me encandiló. Allí iba a pasar quince años. No sé si los más productivos de mi vida, pero sí soy consciente de que fueron los más intensos». Además, añadió: «Colombres se convirtió en aquel lugar donde uno soñaba cuando no estaba allí».
También compartió la dureza ambiental en las épocas más frías, dejando escrito: «Colombres fue para mí un lugar ideal para trabajar. Las peculiaridades de nuestro trabajo llevan a que en realidad no tomas vacaciones, sencillamente cambias de lugar el ordenador. Es verdad que el invierno lo hacía muy difícil, porque la casa no estaba preparada y uno se pasaba medio día poniendo en marcha todo lo que pudiera evitar el frío: la cocina de carbón, la chimenea, la estufa eléctrica. Felizmente me enseñaron desde niño a encender una cocina de carbón, ejercicio artesano, nada fácil cuando no están bien construidas y falla el tiro; luego sucede que las ventanas no cierran bien y la humedad es como un virus que lo corroe todo. Pero puestos a la labor, se trabajaba bien».
Del último verano que «vivió» en Colombres dejó escrito: «Desde el momento que tienes que desmantelar una casa donde has vivido durante quince años se te desmorona un mundo. Una mudanza sólo es comparable a un divorcio, aunque sea de catorce cajas y una lámpara. Una ruina. Has de encontrar dónde guardarlas porque tu casa no lo admite, y tu economía tampoco contempla un depósito lejano y caro, por tanto debes buscar un almacén de gente buena que te lo pueda guardar hasta que sepas qué demonios vas a hacer con todo eso que se te viene encima y que ni habías buscado ni tenías previsto».
Los caramelos envenenados en forma de texto…
No puedo ni debo obviar que algunos de los artículos de Gregorio Morán eran caramelos envenenados, ya que en la parte de sus textos donde destacaba todo lo positivo del lugar, enseguida, un poco más abajo, iniciaba la crítica o el ataque a algo o alguien. El 19 de febrero de 2011 publicó un articulo titulado «Asturias necesita un Saviano» donde escribió: «Así es que yo digo: la entrada más hermosa en Asturias debe hacerse por oriente. Una ojeada a Colombres, pueblo gentil que pudo ser morada de don Porfirio Díaz, dictador mexicano, cuya mansión cabe admirar hoy con el nombre de Archivo de Indianos, y luego seguir por una hermosa carretera que bordea el mar, atisbando espléndidos parajes de pueblos y bufones -nada de polisemia ni mala leche, bufones son agujeros excavados en la roca por el mar- y acercarse a Llanes». Seguidamente, llegaba el furibundo ataque a lo que correspondiera… si es que el título ya invitaba a encontrar una guerra en su interior. Pero, como ya he mencionado, para este artículo no interesa la parte negativa o polémica. Este texto ni necesita ni vive del morbo generado por la polémica.
La prueba más hermosa de la muetra de afecto…
Al final, cuando el ruido de la urbe se apaga y las palabras impresas en papel de periódico se desvanecen en la hemeroteca, lo que verdaderamente perdura es la vida que dejamos sembrada. Gregorio Morán encontró, en aquel rincón de «El Cotero», su refugio y un lugar donde el tiempo era medido por el rumor del Cantábrico y la majestuosidad de la Sierra del Cuera. Hoy, catorce años después de su partida de aquella casa, y tras su reciente adiós definitivo en este mismo año de 2026 a los 79 años, su legado en Colombres no está escrito en tinta, sino en la tierra y en la naturaleza propiamente dicha. Reside en la recia madera del acebo, el «rey» del jardín, y en las raíces de aquella higuera, la «reina», que se aferra con fuerza al suelo asturiano. Quienes pasen hoy frente a esa casa quizá no escuchen el teclear de su ordenador o el crepitar de la cocina de carbón, pero si observan con atención, verán los frutos rojos del acebo brillando al sol. Es la prueba más hermosa de que la muestra de afecto más pura que Gregorio dejó en la Villa Indiana fue dar vida a dos árboles que, cada primavera, siguen y seguirán floreciendo por él.













